Columnas de Opinión EC Nº 14: “Candidaturas 2020 – 2021: Las primarias y los desafíos de la unidad opositora” por José Orellana y Hernán García

Candidaturas 2020 – 2021: Las primarias y los desafíos de la unidad opositora

Dr. José Orellana Yáñez*

Mg. © Hernán García**

Desde la ciencia política, no han sido pocas las páginas de reflexión para escrutar los mecanismos idóneos y funcionales a la selección de candidaturas para las múltiples elecciones que enfrentan los sistemas políticos en regímenes democráticos. Están los clásicos logrados al interior de la intimidad institucional partidaria, los cuales en más de una oportunidad han sido observados críticamente, dado que las “máquinas” (grupos con vocación de poder consolidados), imponen sus voluntades por sobre procedimientos internos (estatutos) y externos (legislaciones nacionales) para tales propósitos.

Sin perjuicio de lo anterior, es menester indicar que los partidos han actuado en consecuencia respecto de la crítica pública: Paridad e inclusión (Ley de cuotas y proporcionalidad), transparencia y formación innovada de cuadros/militantes, avanzando –con dificultades–  en la instalación de candidaturas independientes y de pueblos originarios, es muestra de ello. No obstante, la desconfianza pública indicará que no existen cambios, o bien, son insuficientes.

El proceso electoral que se avecina, articulado en un primer sub-ciclo (subnacionales locales y regionales y plebiscito constituyente de entrada) y en un segundo sub-ciclo (nacional congresal, presidencial y constituyente), serán otra prueba para confirmar si es que efectivamente los partidos entendieron y aplicaron el mensaje social y los ajustes promovidos en el segundo Gobierno de Michelle Bachelet. Es necesario indicar que la legislación alcanzada en este último periodo ha sido gestionada y votada por personas electas en un nuevo sistema electoral para la elección de congresistas. Un ejemplo de estos cambios, fueron las modificaciones a la ampliación de la representación congresal, explicando la presencia de los actuales legisladores (desde un sistema electoral binominal a otro proporcional ajustado).

Que se requieren más cambios o ajustes, ¡qué duda cabe!; un emblemático ejemplo se encuentra en la inscripción de las candidaturas independientes, situación que conmina a los partidos a integrarlos en sus listas (provenientes desde los medios de comunicación, el arte, la ciencia, etc). Por otra parte, las organizaciones sociales, han expresado la necesidad de incorporar sus nombres, en el proceso constituyente, prioritariamente, encontrándose con las condiciones legales que hacen de los partidos políticos y su ley orgánica (18.603), el canal de instalación, y ante este requisito, comienza la atendible crítica.

Desde una interpretación convencional y legítima del ejercicio de la política, se podría calificar a aquellas y aquellos que proyectan que “la historia comienza, cuando cada cual sale del vientre materno…”, como verdaderos “censores críticos” de los procesos institucionales vigentes de los partidos, porque no se dan los procesos cómo creen que se deben dar, pero, sin perjuicio de que pueda resultar válida la observación, la historia demuestra que ello, no necesariamente, ha sido así, y, probablemente, ellos mismos terminen practicando lo mismo que hoy critican, ojalá en un ambiente más democrático.

Las sociedades ajustan sus reglas en función de la natural y necesaria evolución sociopolítica de profundización democrática y, nuestro país, ya expresó desde el 18 de octubre de 2019, la necesidad de cambios, el que debe entenderse como una sedimentación ‘culmine’ de modificaciones promovidas desde los movimientos sociales y varios partidos de corte más progresista.

Entre otros ajustes logrados, (uno que viene con anterioridad) se encuentra en las elecciones primarias ‘legales – voluntarias’. ¿Qué inconvenientes presentan para la selección de candidatos?,  aparentemente ninguno. Pero no realizar primarias en un territorio, será calificado negativamente, sobre todo desde los sectores más interesados política y electoralmente y de una amplia base social que mira con desconfianzas los actuares partidarios. Desde ahí, entonces las elecciones primarias aparecen más vinculadas, a poder responder a la crítica social, que a resolver problemas políticos electorales de forma democrática al interior de los partidos. No caben dudas de que existe un dilema: más democracia es igual a más elecciones, implicando menos “cocina” v/s acuerdos políticos amplios, integradores y programáticos que ayuden a la selección de candidaturas. Quizás, en un marco de evolución institucional, se precisarían como obligatorias las primarias a todo evento, determinando las conductas institucionales de los actores del sistema sociopolítico, restituyendo el voto obligatorio, también, a todo evento.

El anterior dilema se combina con otro. A propósito del rescate de las experiencias ya vividas, donde el ganador de una primaria al interior de un pacto político electoral no necesariamente alcanza el escaño y/o sillón respectivo, se explicaría en parte a las heridas dejadas en estos procesos, ya que las mismas impidieron el fortalecimiento de la candidatura ganadora, acto que regularmente tiende a caracterizarse socialmente como un incumplimiento más de los acuerdos partidarios (éste es un aspecto, entre otros). Entonces, cómo combinar virtuosamente el acuerdo colectivo con “el legítimo derecho de los candidatos a perseverar en sus convicciones”. Dicho de otro modo, cómo las acciones individuales, compatibilizan con las colectivas y desde ahí, cautelar por el buen ejercicio de una primaria. Estas son parte de las preguntas a asumir en estos tiempos.

Cumplido este punto, lograr alianzas o pactos unitarios amplios  –por estos días– es cosa compleja sobre todo en la oposición (manteniendo la derecha bajo la alfombra sus dificultades), dada la desconfianza real y simbólica cultivada interesadamente, a propósito de la oportunidad de maximizar relatos esencialistas y eficiencia electoral (votos y elegibilidad) que, en particular, tienen algunos actores de la amplia y fragmentada oposición.  Desde ahí, la unidad no debiese ser entendida como el apoyo inicial al nombre de una persona, sino como el compromiso programático e ideológico, pues son la garantía pública que dibuja el norte de horizontes posibles, donde la sociedad encontrará soluciones a las actuales demandas. Así, los ‘mandatarios’ contarán con una hoja de ruta programática clara, para aplicar en los ajustes territoriales y situacionales que correspondan.

La dificultad de alianza actual, también se explica en la crítica sin tregua hacia los partidos políticos, la cual tiene elementos de verdad y otros de construcción panfletaria. Existe un modelo de discurso que ha permeado las nuevas generaciones de políticos, políticas y sociedad civil, iniciada en la derecha desde los tiempos de la dictadura cívico-militar, donde los “humanoides” eran el enemigo a combatir, siendo ahora el COVID-19, el “enemigo poderoso” a derrotar, mientras que en pleno estallido social, se libraba una “guerra”, discursos todos justificadores del uso de las fuerzas de seguridad pública para reprimir a quien piensa distinto, menoscabando de paso el accionar de los partidos.

Por lo tanto, la geografía electoral que se avecina, como nunca, deberá actuar con las ideas de los tiempos de cambio, incorporando la experiencia de la definición partidaria, para alcanzar la unidad de la oposición, expresada en acciones, compromisos y voluntad de transformación, como por ejemplo ser parte de primarias en todos los niveles con el compromiso de apoyos mutuos y la construcción de un ideario social; pues, el resultado de su actuar determinará entre otras cosas, un sistema político y un régimen democrático que deberá no sólo enfrentar la recuperación socioeconómica deprimida producto de la pandemia COVID-19, sino que deberá enfrentar la re-valoración de la política y lo político, redundando en una república y patria más fraterna, solidaria, equitativa, sustentable desde lo ambiental y en igualdad de derechos (mujeres, hombres y pueblos originarios).

*Dr. en Estudios Americanos con Especialidad en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Profesor de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Académico colaborador de Estudios Contemporáneos.

** Magister © en Ingeniería Informática USACH. Profesor de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Diplomado en Big Data, Universidad Católica de Chile. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH.

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EC. Columnas de Opinión N°14

Profesor José Orellana entrevistado por Publimetro sobre apropiación de Víctor Jara por la UDI

El académico colaborador de Estudios Contemporáneos, Dr. José Orellana Yáñez fue entrevistado por el diario Publimetro en un artículo del periodista Marcelo González titulado: “La arriesgada apuesta de la UDI de “apropiarse” de Víctor Jara”

En la entrevista el profesor Orellana, doctor en Estudios Americanos de la USACH y docente de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, señala que: “desde su opción por el “Rechazo”, la UDI hace una apuesta muy arriesgada  al usar iconografía propia del movimiento social que empezó en octubre de 2019 y que además representa a sectores progresistas desde comienzos de la década del setenta”.

A lo que añade que: “lo que vimos es funcional a una estrategia de márketing político, y en este caso se está trabajando con una expresión identitaria de otro sector. Habrá que ver qué impacto tiene esta utilización, aunque ya han aparecido reacciones visto reacciones para colocar en su justa medida el hecho”.

Por último el académico agrega que: “no es misterio que algunos sectores de la derecha emplean de forma selectiva expresiones que escapan a su identidad conservadora para intentar atraer preferencias de cara a las elecciones. No es la primera vez ni será la última, que pase esto, como lo mostró Joaquín Lavín al declararse ahora un socialdemócrata y antes un bacheletista”.

El artículo completo lo pueden visitar desde el siguiente enlace

https://www.publimetro.cl/cl/noticias/2020/09/09/la-arriesgada-apuesta-de-la-udi-de-apropiarse-de-victor-jara.html

Profesor Sebastián Sánchez publica artículo sobre simbolismo y artes marciales en Revista Ecos de Asia

Nuestro director, el Dr. © Sebastián Sánchez González, acaba de publicar un artículo en la Revista Cultural Ecos de Asia titulado “Simbolismo y Artes Marciales: La flor de ciruelo y la flor de cerezo en las culturas china y japonesa”, donde habla sobre la importancia simbólica que tienes ambas flores para las culturas marciales de China y Japón.

Ecos de Asia, es un revista divulgativa de la cultura asiática que intenta afrontar, desde diferentes puntos de vista disciplinares, distintos aspectos de las culturas asiáticas. La revista se encuentra vinculada a la sección de Historia del Arte de Extremo Oriente de la Universidad de Zaragoza.

El artículo lo pueden leer desde el siguiente enlace:

http://revistacultural.ecosdeasia.com/simbolismo-artes-marciales-la-flor-ciruelo-la-flor-cerezo-las-culturas-china-japonesa/

Columnas de Opinión EC Nº 13: “Dime con quien hablas y te diré quien eres: Bukele y la hipócrita política antipandillas” por Esteban Arratia

Dime con quien hablas y te diré quien eres: Bukele y la hipócrita política antipandillas

Dr. © Esteban Arratia Sandoval *

Parece un déjà vu.  Tal como sucedió en 2012, el medio digital El Faro dio un golpe noticioso al revelar que el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha negociado secretamente con una de las principales pandillas operativas en el país, la Mara Salvatrucha (MS-13), buscando reducir el índice de homicidios y obtener apoyo electoral a cambio de beneficios penitenciarios[1]. Desmintiendo así la versión oficial que atribuía la milagrosa caída en 60% de la violencia letal registrada desde que asumió el nuevo gobierno a la supuesta efectividad del Plan Control Territorial, una trillada estrategia antipandillas basada en despliegues policiaco-militares en zonas rojas y operaciones de alto impacto.

Sin embargo, como era de esperarse, el primer mandatario lo ha negado a pie juntilla, básicamente, por dos motivos. Primero, un factor reputacional que Benjamin Lessing denomina “limitaciones de aceptabilidad”: el temor a ser percibido como débil en el combate contra el crimen, asumiendo frente a la opinión pública que ha dado el brazo a torcer; o bien, la aprehensión de parecer cómplice de los grupos criminales[2]. La segunda razón guarda relación con la legislación antipandillas vigente, que prohíbe todo acercamiento, de hecho la sola convocatoria a diálogo se encuentra penada.

Este episodio enrostra una verdad incómoda: las pandillas son un poderoso actor político en la sociedad salvadoreña, un intermediario informal entre el 94% del territorio nacional y el aparato estatal. Gobiernan comunidades rezagadas recaudando impuestos extorsivos, desafían el monopolio legítimo de la violencia, paralizan el transporte público, influyen en procesos electorales ostentando un caudal de votos considerable (se estima que 60.000 aproximadamente), e incluso decretan toques de queda en sus dominios para enfrentar la crisis sanitaria causada por el COVID-19. Dicho de otro modo, sin la venia marera, no se gobierna, ni a nivel local ni nacional.

Por tal motivo, los principales partidos políticos se han visto forzados a entenderse con estos grupos criminales tras bambalinas, pese a que ante la opinión pública, los demonizan y les declaran la guerra abiertamente. Basta recordar el fallida tregua promovida por la administración de Mauricio Funes, las negociaciones realizadas por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) para obtener su apoyo electoral durante el balotaje presidencial de 2014, y las conversaciones realizadas en 2015 por el jefe de gabinete del entonces alcalde Bukele para construir un mercado en el centro de la capital salvadoreña[3].

Es momento que la elite política salvadoreña deje la hipocresía, y cambie su actitud respecto al combate contra las pandillas, replanteando la narrativa del “enemigo público” que ha construido el establishment. Ciertamente, las maras no son unas santas palomas, pero tampoco hay que ignorar los factores que contribuyeron a su rápida expansión: un caótico posconflicto marcado por una economía destruida, un tejido social roto y un Estado negligente que las criminalizó para obtener réditos electorales ante una población traumatizada por una sangrienta guerra civil. Muestra de aquello fueron los contraproducentes planes Mano Dura y Súper Mano Dura que influyeron en su dinámica organizacional, fortaleciéndolas. Por lo tanto, es necesario que las autoridades salvadoreñas asuman su grado responsabilidad en la agudización de la violencia pandillera.

Siguiendo esa lógica, es preciso también superar el falso dilema que ha dominado la gestión de la seguridad pública durante el posconflicto: prevención versus represión. La violencia generada por estos grupos armados no sólo se soluciona lanzando gravosas ofensivas, también hace falta invertir en medios de subsistencia alternativos. Durante la última década, se ha triplicado la partida presupuestaria relacionada con la participación militar en tareas de seguridad pública[4]. Ese dato indica claramente dónde está focalizada la estrategia y derriba aquel mito de la supuesta incapacidad del gobierno salvadoreño para enfrentar a las maras. Apuntando más bien a una falta de voluntad política, la misma que ha impedido sanear las deficientes instituciones heredadas de los Acuerdos de Paz, particularmente en el sector seguridad y justicia.

Solo así se podrá evaluar seriamente la posibilidad de emprender un nuevo proceso de pacificación que conduzca al desarme, desmovilización y reintegración de las pandillas. Una negociación de paz realista, transparente y comprehensiva capaz de equilibrar las agendas criminales, las  demandas expresadas por las víctimas, los aportes realizados por la sociedad civil (academia, ONGs, empresariado e Iglesia) acerca del fenómeno pandilleril y el férreo apoyo de la comunidad internacional. No obstante, su sostenibilidad dependerá de un acuerdo nacional que la dote de legitimidad sociopolítica, un alto grado de coordinación interagencial para su implementación, así también de plazos, términos y condiciones claras que estén acompañadas por mecanismos de sanción efectivos (y creíbles) en caso de incumplimiento por alguna de las partes o para neutralizar a eventuales saboteadores.

Mientras lo anterior no ocurra, la sociedad salvadoreña continuará atrapada en un círculo perverso donde la violencia armada siga derramando la sangre de miles de inocentes cada año ante una hipócrita clase política que prioriza cálculos electorales por sobre las legítimas aspiraciones de justicia y paz, las cuales podrían materializarse en una salida negociada. Como alguna vez el expresidente colombiano, Juan Manuel Santos, sentenció: “Prefiero un acuerdo imperfecto que salve vidas, a una guerra perfecta que siga causando muertes”.

* Dr. © en Estudios Americanos y Magíster en Estudios Internacionales por la Universidad de Santiago de Chile. Becario Doctorado Nacional por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). Académico colaborador de Estudios Contemporáneos.

[1] Ver más en: https://elfaro.net/es/202009/el_salvador/24781/Gobierno-de-Bukele-lleva-un-a%C3%B1o-negociando-con-la-MS-13-reducci%C3%B3n-de-homicidios-y-apoyo-electoral.htm

[2] Ver más en: https://www.cambridge.org/core/books/making-peace-in-drug-wars/7D2A0D9F3E1347973813DC1AF102801F

[3] Ver más en: https://www.insightcrime.org/news/analysis/secrets-el-salvador-gang-negotiations/

[4] Ver más en: https://www.crisisgroup.org/latin-america-caribbean/central-america/el-salvador/81-miracle-or-mirage-gangs-and-plunging-violence-el-salvador

La columna la pueden descargar en formato PDF desde el siguiente enlace

EC. Columnas de Opinión N°13