Columnas de Opinión EC Nº16: “Octubre 1988 – 2020 tan cerca y tan lejos” por José Orellana y Hernán García

Dr. José Orellana Yáñez*

Mg.© Hernán García**

Octubre carga con un simbolismo político que es imposible de soslayar. El 05 de octubre de 1988 se concretó el inicio de la democracia cuando poco más de 7 millones de chilenas y chilenos votaron –y de ellos el 55.99% lo hicieron por la opción NO–, impidiendo que la dictadura cívico-militar se perpetuara ocho años más en el poder.

Cumplidos 31 años de ese hito de la historia política del país, el 18 de octubre del año 2019, con el denominado Estallido Social, se marcó otro clivaje político en la historia de Chile, pues, se abrió paso para eliminar los –aparentes– últimos eslabones de la Dictadura, materializándose ello, en un acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución el 15 de noviembre del mismo año. Lo anterior, permitió que para abril 2020 pudiésemos celebrar el plebiscito constitucional de entrada, aprobando o rechazando una Nueva Constitución, forzando la pandemia COVID-19 a que octubre sea el testigo de la historia política trascendente, confiriéndole otra vez, el tiempo del cambio.

Podríamos señalar que un emblemático momento donde la transición política llegaba a su fin se asoció al año 2011, pues se activó la Geografía de la Multitud[1], principalmente asociada con los problemas en educación, los socioambientales, las pensiones injustas y otras reivindicaciones que se plasmaron en un Programa de Gobierno del año 2014. Desde esa perspectiva, las reformas políticas (partidos políticos, sistema electoral y descentralización), así como plantear visionariamente una Nueva Constitución, se constituyeron en hitos de cambios (venían ya las acciones tendientes a una nueva constitución con el movimiento AC). Proceso éste último que se asumió, por medio de una innovadora metodología de participación ciudadana y proyecto de una Nueva Constitución, la que debía plasmarse en el siguiente gobierno, por medio de un proceso institucional, democrático y representativo/participativo.

Es ahí, donde se generaron otras/más condiciones institucionales y sociales para entender lo que se vivencia en la actualidad, cual clímax de sedimentación de energía social y política que buscó mayores grados de dignidad e equidad en este octubre del 2019. Más, interesa cruzarlos con el siguiente ciclo electoral, tanto de elecciones subnacionales y plebiscitaria constitucional, como con la elección del Congreso y, finalmente, la Presidencial.

Motiva a esta opinión, además, escrutar el comportamiento de la oposición u oposiciones políticas, pues sometidas a los primeros grados de presión para coordinar voluntades que se traduzcan en mensajes públicos coherentes y claros para la ciudadanía, derivaron en un primer y bochornoso episodio de divergencia, aunque comprensible desde una clave de los intereses político- electorales de la representación.

La teoría dice que dividir las fuerzas deslegitima las ideas y, es acá, donde después de meses de conversaciones para aunarlas, se redujo a contradecir los mismos argumentos que daban o dan vida a quienes se propugnaban la promoción y defensa de las Primarias como mecanismo democrático de definición de candidaturas en el marco de un proyecto político unitario. Pero, paradojalmente y, contra todo lo esperado, descartaron su propia visión de un pacto único nacional para primarias que definieran Gobernadores Regionales y Alcaldes. Definición que se acompañó con una performance pública singular, como fue estar negociando en mesa y sin mayores anuncios, irse al Servicio Electoral (SERVEL) a inscribir el propio pacto… es digno de una explicación, indicarán los más capciosos. Aquí se vivió el adagio: si no eres como yo, estás contra mí. Lo sombrío de la estrategia es que, en un futuro cercano, todos se necesitarán (2ª. Vuelta presidencial… ya lo entendió Beatriz Sánchez[2]).

Luego, más que buscar unir, lo que resultó fue diferenciar proyectos, mancillando al adversario político para transformarlo en enemigo. Deslegitimando la diferencia (la cual es permanente y natural en el ejercicio de la política) y buscando construir la historia como resultado de su propio logro de existencia. Cómo si la vida, no tuviera tiempo histórico.

¿Podría entenderse el acto como el legítimo derecho de colocar el valor, la moral o la ética de la convicción por sobre la de la responsabilidad política, como indicaría Max Weber?, es probable. Lo cierto es que, en el resultado de la acción, a priori, NO se lograrán los mejores candidatos a Gobernadores Regionales y Alcaldes, en cuanto acompañados de ideas colectivas, unitarias y legitimadas por el ejercicio de primarias universales. Siendo, paradojalmente, gran parte de los actuales candidatos a Gobernadores, personas con una trayectoria regional, experiencia pública y una calidad moral a toda prueba. De lo contrario, no estarían en las papeletas del 29 de noviembre.

Queda entonces a la vista la fragmentación opositora (otra vez), que para algunos se sustenta en la significativa existencia de partidos políticos con representación congresal y otras instancias, como son los gobiernos sub-nacionales u organizaciones sociales, explicándose tal situación, además, por un sistema electoral proporcional[3], que de paso tendería a una polarización del sistema de partidos, motivo por el cual enfrentó, enfrenta y seguirá enfrentando desafíos para avanzar en un régimen democrático… más democrático.

Es razonable preguntarse, si para la geografía de multitud, la unidad se lograría  en  el clivaje político constitucional. O, por el contrario, los altos grados de desconfianza sistémica, transmitidos linealmente entre los actores del sistema político, impedirán, finalmente, superar las diferencias a costo de castigar a la ciudadanía.

Lo cierto es que la anterior fragmentación, sea por el motivo que sea, se expresa también en la ‘gestión popular-ciudadana’ y ‘política partidaria’ del plebiscito constitucional de entrada, observándose cuatro comandos que bregan por el Apruebo y Convención Constituyente, inviabilizados para la unidad, sin perjuicio de que todos apuntan al mismo propósito, cuestión que junto con  materializarse en la confusa ‘franja televisiva por el apruebo’, también se vivencia en las escalas locales de gestión política… en parte, dado el relacionamiento del plebiscito con las próximas elecciones, sobre todo las locales, como son las de alcaldes y concejales.

Esto nos recuerda que los actores partidarios privilegiarán las coaliciones que le reporten la mayor cantidad de elegibilidad de sus candidatos, particularmente en coaliciones pequeñas[4], buscando así también, las cercanías políticas e ideológicas más afines.

En esa clave, la falta de acuerdos recientes explica, que los incentivos para coalicionar NO sólo se basaron en las cercanías políticas e ideológicas, sino que también en la pretensión de maximizar la aparente elegibilidad de sus candidatos. Ello, buscando la diferenciación, ante una ciudadanía que observa en el quehacer político, una falta de ética de la convicción, así como también una débil ética de la responsabilidad, ubicándose del lado menos juzgado y queriendo representar valores que los demás no harían propios, impidiendo el acuerdo táctico y estratégico. Arriesgada acción pero explicable desde lo antes dicho.

Si esta búsqueda diferenciadora, al estilo PODEMOS de España (el que terminó allanándose), y/o la auto-referencia que no se traduce en madurez política-electoral, la potencial debacle electoral de la actual oposición dará espacio al reposicionamiento de la Derecha quien, sin ideas, sin proyecto y sin ser mayoría, podría alcanzar escaños constituyentes, gobernaciones no representativas y gobiernos locales ante la diversidad de una misma idea.

Como estamos en octubre, mes para esta coyuntura cargada de simbolismos varios, vale la siguiente pregunta:¿será posible que en este ciclo electoral general, las oposiciones se unan para enfrentar a la derecha o derechas políticas, como sí lo hizo -en peores condiciones- el 05 de octubre de 1988  a una Dictadura?

A la luz del planteamiento de Pasquino, pareciera una empresa muy difícil, solo posible hasta que todas las variables racionales se integren (o las fundamentales), de lo contrario, será complejo lograrlo. Pero, además, dado que se trabaja en un contexto de desafección y desconfianza hacia la política y los profesionales de ésta, complementado por movilizaciones sociales y una Geografía de la Multitud intensa y que presenta diversas  demandas, la tarea se hace más difícil. Ello obliga perseverar en la Unidad.

Más de alguien afirma que la denostación de la política y los profesionales de la misma se acerca a la caracterización que realizaron desde la derecha pinochetista, hasta otra más contemporánea, donde inclusive Joaquín Lavín Infante contribuyó para ello. Si bien pudiese ser plausible la observación, el contexto y móviles son distintos donde operan los actores sociales y políticos, generacionalmente, desprovistos de la carga del miedo estructural de aquel momento histórico (durante el pinochetismo duro). Por ello los liderazgos, debiesen contribuir a orientar las conductas con las que deben coalicionar integrando cargas de valores y emociones v/s décadas de vivenciada indignidad, como baluarte propio.

El desafío que la historia pone sobre los hombros de los líderes y representantes actuales, es despejar todo aquello que las nuevas generaciones de políticos tratan de representar y que buscan diferenciar, dado el propósito mayor: mejorar la calidad de vida de la población. Tal como lo permitió el plebiscito del 05 de octubre del 88, ganarle a la dictadura, sumando voluntades, proyectos y dejando atrás serias y profundas diferencias. Un buen análisis presenta Camilo Escalona, uno de los actores principales de ese proceso[5] e insoslayable y polémico actor político del proceso transicional, quien pone su foco en la necesidad de la reflexión como valor político, es decir lo colectivo por sobre lo individual de precandidaturas. Valorando la acción política como instrumento de cambios sociales y poniendo como ejemplo a Salvador Allende como un Presidente que prefirió morir por lealtad al mandato que el pueblo le había entregado.

Queda observar y esperar que se creen las condiciones objetivas y subjetivas para que se logren las unidades racionales respectivas, ante una geografía de la multitud que se encuentra expectante y en desconfianza profunda, todo en medio de la pandemia COVID-19.

Sin duda, serán claves los resultados electorales de gobernador regional, municipales y constituyentes para proyectar el segundo sub-ciclo electoral. Lo que es claro, es que, independiente de racionalidad más o, racionalidad menos, es la patria la que se encuentra expectante en profundizar la equidad de género, la valoración e inclusión de los pueblos originarios, la paridad en la elección de las y los constituyentes y la inclusión de minorías de diverso tipo, como también las preocupaciones por más y mejor medio ambiente, entre varios otros aspectos. Es la patria la que necesita más democracia y pareciera que el obstáculo que podría terminar deslegitimándolos a todos, es la falta de unidad opositora.


*Dr. en Estudios Americanos con Especialidad en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Profesor de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Académico colaborador de Estudios Contemporáneos.

** Magister © en Ingeniería Informática USACH. Profesor de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Diplomado en Big Data, Universidad Católica de Chile. Diplomado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad de Chile. Licenciado en Educación en Matemática y Computación USACH.

[1] Ver en https://www.elquintopoder.cl/politica/la-geografia-de-la-multitud-hacia-el-nuevo-trato-2/

[2] Ver en https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/beatriz-sanchez-el-camino-propio-del-frente-amplio-fue-el-2017-hoy-lo-que-necesitamos-son-mayorias-porque-si-queremos-gobernar/RXJO74PU2FFT3CCBQCDIBYRA3E/

[3] Según el SERVEL, serían 25 los partidos legalmente constituidos. De ellos, casi 15 tienen representación en el Congreso, ver en   https://www.servel.cl/wp-content/uploads/2020/10/FECHA_CONSTITUCION_PARTIDOS_POLITICOS_30_DE_SEPTIEMBRE_DE_2020.pdf

[4]Gianfranco Pasquino politólogo italiano, describiendo la racionalidad de los actores políticos, lo que denomina teoría de las coaliciones, en “Nuevo curso de ciencia política”, capítulo VI partido y sistemas de partido, ed FCE, 2011

[5] Ver en https://www.elmostrador.cl/destacado/2020/10/02/a-proposito-de-candidaturas/

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EC. Columnas de Opinión N°16

Columnas de Opinión EC Nº15: “El Estatuto Chileno Antártico y los desafíos de la otra frontera” por José Orellana y Sebastián Sánchez

Dr. José Orellana Yáñez*

Dr. ©Sebastián Sánchez González **

Actualmente la atención de la opinión pública nacional e internacional a propósito de los temas fronterizos, se concentra hacia la relación entre los procesos migratorios lícitos e ilícitos con las ‘zonas de fronteras’, ‘espacios de fronteras’, ‘zonas transfronterizas’ o ‘límites fronterizos’ (este último, expresión geo-matemática institucionalizada en tratados fronterizos y las otras entendidas como interrelación entre actores, instituciones, personas y la territorialidad/espacialidad correspondiente entre una soberanía estatal y otra). Es aquí donde se constata como el capitalismo global, regional y nacional opera en algunas de sus manifestaciones, concentrando la atención antes consignada.

En estos territorios están los refugiados que huyen de los conflictos violentos, también los migrantes buscando mejores oportunidades de vida, pero que por normativa, o bien por definiciones políticas se les impide el paso, logrando verdaderas ciudadelas temporales terrestres y marítimas, donde habitualmente se vulneran los derechos de las personas[1]. Es desde aquí que se construyen discursos funcionales para campañas políticas y electorales, que justifican la distancia del otro, no sólo como un desconocido, sino que como una expresión negativa para un nosotros o para un yo[2]. Algunos estados europeos han dado cátedra sobre esta situación (disminución de las fuentes de trabajo, evitar terrorismo, entre otros motivos). EE UU v/s México y Latinoamérica en general ha dado otra cátedra, no sólo con Donald Trump y su muro, sino que como Política de Estado permanente estadounidense. Antes de Trump, ya había muro, éste sólo aprovechó la coyuntura para ganar adeptos, por lo menos en su primera elección[3].

Chile a su escala, no ha estado exento. “Ordenaremos la casa”, indicaba el candidato Sebastián Piñera en su segunda campaña para llegar a la primera magistratura del Estado y Gobierno chileno. Ya instalado en ella, durante su primer año de mandato, cumplió lo que dijo que cumpliría respecto de los migrantes haitianos. Y en un acto de compromiso democrático y solidario desde sus matrices políticas e ideológicas, creó una visa específica para el pueblo venezolano que migraba hacia Sudamérica (la visa democrática), hecho que nos recordó que la frontera norte, no sólo estaba presionada por la clásica migración peruana o ecuatoriana, sino que ahora, por venezolanos y venezolanas[4].

Lo anterior y varios muchos otros casos, concentran la atención de una opinión pública, siempre tan perceptiva respecto de realidades que atentan contra los derechos humanos. Sin embargo, cuesta visibilizar otras realidades, o bien, percibirlas como importantes, cuando no se observan estos fenómenos. La frontera austral de Chile, muy rara vez capta esa atención en la opinión pública, sin perjuicio de que en 1978, estuvimos ad portas de un conflicto armado con la vecina Argentina por las islas Picton, Nueva y Lenox y la proyección de navegalidad del Canal Beagle, junto con el límite marítimo que se institucionalizó en 1984, donde el Vaticano tuvo protagonismo de primer nivel diplomático[5]. Tampoco, se encuentra en la retina de la opinión pública el pendiente fronterizo que también se tiene con Argentina respecto del último trazo de la poligonal que delimita y demarca Campos de Hielo Sur. Por lo tanto, la noticia de que Chile avanzó en consolidar un “Estatuto Chileno Antártico” que entregaría un marco referencial novedoso de cómo consolidar la pretensión soberana chilena sobre el continente helado, no fue una cuestión que hiciera que la opinión pública se interesara intensamente.

Uno que otro medio le entregó cobertura, una que otra opinión se manifestó positivamente sobre este acto geopolítico en el cual avanzó el Estado chileno. Pocos repararon cuando, en cadena nacional de los noticieros de Chile (por lo menos en el Canal Nacional[6]) el Presidente de Chile a bordo de una embarcación de Guerra desde el Estrecho de Magallanes, daba cuenta del avance-promulgación del estatuto, flanqueado por sus nuevos y flamantes ministros de RR.EE, Andrés Allamand y el de Defensa Nacional, Mario Desbordes, más el de Ciencias y Tecnología, Andrés Couve, estando también la representación del Ministerio del Medio Ambiente, además. Pocos repararon que junto con la gestión del gobierno, se manifestó unánimemente todo el Congreso Nacional por consolidar este estatuto (en sus dos cámaras), lo que supone ser, el marco referencial para la creación de nueva y más política pública sobre esta territorialidad que pretende Chile incorporar a su soberanía, teniendo al Tratado Antártico como piedra angular del mismo. De hecho, podría indicarse que es parte del código geopolítico permanente como una política de Estado.

Se afirma que es una síntesis y ordenamiento de normativa dispersa sobre los temas antárticos, la cual, vendría a mejorar las coordinaciones de los actores clásicos que han estado anclados a tales materias, como son los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Defensa con sus agencias específicas. Se agrega el Ministerio de Ciencias y Medio ambiente y más importante aún, se agrega un actor sub-nacional, como es el Gobierno Regional de Magallanes y la Antártica chilena, cuestión explicable únicamente por el exacerbado centralismo del estado y sistema político chileno. Siendo verdad lo anterior, hay que consignar que se agregan otras herramientas que tienen que ver con instrumentos de planificación para el desarrollo de esa territorialidad en áreas diferentes pero todas apuntando a la integralidad. Se visibiliza que presupuestariamente deberían inyectarse recursos, no sólo desde la sectorialidad consignada, sino que desde el gobierno regional. Los desafíos en estas materias no son pocos. Pasar del dicho al hecho, es parte de nuestra identidad, ya que mucho de lo que se declara y poco se termina concretando.

El estatuto consignado, y su escasa cobertura ¿sólo da cuenta de que esta frontera nacional no genera el morbo que sí generan las otras a propósito de la vulneración de derechos humanos?, o ¿será que el tránsito de un imaginario nacional referido a que Chile era una larga y angosta franja de territorio a uno de tricontinentalidad (posesiones soberanas en Sudamérica, Oceanía con Rapanui y antártica continental) y proyección oceánica asociada, aún no calan en las elites públicas y privadas en la profundidad ad hoc para pasar de una cadena nacional por un noticiero, a una cadena nacional en forma para dar cuenta del hecho? 

Pero, además, existe otro desafío todavía más complejo (una quimera indicarán varios y varias), cómo los imaginarios de ambos Estados, que podría avizorárseles como factores explicativos de una escalada de conflictos, a propósito de las agendas nacionalistas y de política de coyuntura, se colocan en una clave de acercamiento o de integración profunda, teniendo como antecedente la existente, para enfrentar lo que históricamente han enfrentado las periferias latinoamericanas en general y parte del CONOSUR en particular, cuando hay que relacionarse con las estrategias geopolíticas de los estados centrales, los cuales, coordinados con las empresas o corporaciones transnacionales, han hecho de los territorios consignados su cantera de riqueza provocando la pobreza de Chile y Argentina.   

Desde la geopolítica convencional, o bien desde el realismo político en cualquiera de sus expresiones, tal pretensión es compleja, si es que no, imposible de implementar. Pues bien, quedaría entonces contribuir a girar los códigos geopolíticos de ambos Estados y asumir otras recomendaciones de la teoría de las relaciones internacionales para que se avance en agendas de integración y acercamiento de ambas unidades geopolíticas, porque desde las clásicas, el resultado es conocido y asegurado. Y si a eso se le agrega el tema no resuelto de Campos de Hielo Sur, la situación se problematiza aún más. En esta clave, el fortalecimiento del gobierno regional por medio de este estatuto, al alero de las reformas de descentralización, debiese ser cosa buena. Ahora, habría que agregar un fortalecimiento por los gobiernos locales y los diversos actores institucionales y sociales que se encuentran involucrados en esa territorialidad gestionando desarrollo, para aspirar en el mediano plazo. se logre este giro en beneficio de la patria toda, y en específico para la región, que no caben dudas, son muy distintos a la percepción que se tiene desde el centro del país. 


*Geógrafo. Dr. en Estudios Americanos con Especialidad en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Profesor de la Escuela de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano (UAHC). Académico colaborador de Estudios Contemporáneos.

** Historiador. Dr. © en Estudios Americanos con Especialidad en Estudios Internacionales de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Máster en Historia Contemporánea por la Universidad Autónoma de Madrid. Director de Estudios Contemporáneos.

[1] Ver en https://www.europapress.es/internacional/noticia-frontex-niega-agentes-hayan-violado-derechos-fundamentales-refugiados-20190805161440.html

[2] Ver en https://www.elquintopoder.cl/internacional/las-fronteras-nacionales-mas-vivas-que-nunca/

[3] Ver en http://www.academia.cl/comunicaciones/columnas/trump-y-las-fronteras-nacionales

[4] Ver en https://www.elquintopoder.cl/internacional/las-fronteras-nacionales-mas-vivas-que-nunca/

[5] Ver en https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/2012/12/05/las-fronteras-estatales-y-su-porosidad-las-cuestiones-no-tratadas/

[6] https://www.youtube.com/watch?v=jxNYeOCRte4

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EC. Columnas de Opinión N°15

Profesor José Orellana participa en 6° Encuentro Cable a Tierra 2020

 

Ayer miércoles 30 de septiembre el Dr. José Orellana participó del 6° Encuentro “Cable a Tierra” titulado “Propuestas de la Geografía al Proceso Constituyente”, señalando la premisa: “Llegó la hora de incorporar más geografía a la nueva constitución”. El encuentro fue organizado por Alumni UC Geografía, la Sociedad Chilena de Ciencias Geográficas, el Instituto de Geografía UC y el Colegio de Geógrafos de la Región de Valparaíso.

Es importante recordar que el profesor Orellana es Geógrafo de la Universidad Católica, con un Magíster en Ciencia Política de la Universidad de Chile y Doctorado en Estudios Americanos por la Universidad de Santiago. En el encuentro participó también la geógrafa Raquel Cabrera del Colegio de Geografía de Valparaíso.

El video del encuentro lo pueden visualizar desde acá